Cada joya Karen nace de una flor natural preservada, seleccionada y trabajada cuidadosamente para conservar su belleza y convertirla en una pieza que pueda acompañarte durante muchos años.
Así como cada flor es irrepetible en la naturaleza, también lo es la que llevas contigo. Sus formas, matices y delicadas variaciones son parte de su autenticidad y hacen que tu joya sea verdaderamente única.
Con el cuidado adecuado, tu joya conservará su belleza y esencia por mucho tiempo.
- Guarda tu pieza en su bolsita de terciopelo cuando no la estés utilizando para protegerla del polvo y de los roces.
- Evita la exposición prolongada a la luz solar directa, ya que puede alterar gradualmente los colores naturales de la flor.
- No la sumerjas en agua ni la expongas a perfumes, alcohol, cremas o productos químicos.
- Protégela de golpes, caídas y cambios bruscos de temperatura.
- Límpiala ocasionalmente con un paño suave y seco para conservar su brillo.
Cada flor tiene una historia que la hace única. Con estos cuidados, podrás disfrutar de tu pieza durante muchos años.